Cada
día bajo el alba de la mañana ÉL solía ver el horizonte, tratando de divisar a lo
lejos, si aquél hijo que un día repentinamente se marchó, pudiera volver…
Con el corazón agobiado y con lágrimas en los
ojos cada día esperaba el retorno de su hijo…
Tiempo atrás aquel hijo menor le había pedido
que le diera parte de su herencia, a fin de malgastarlo en placeres y cosas
vanas de la vida…
Y al haberlo despilfarrado toda la herencia
dada por su padre, y después de haberlo perdido todo, tuvo que convivir hasta
con los cerdos para poder sobrevivir. Y sin tener más alternativa se arrepintió
de todo lo que hizo, y tomó la decisión de volver a casa de su padre.
Hasta que un día volvió...
El padre desde la lejanía vio que alguien asomaba, cada vez más...
Y pensó en su hijo que retornaba...
sin titubear corrió presurosamente hacia él,
y cuando estuvo en su
encuentro lo abrazó fuertemente y sobre su cuello se echó y lo beso,
dándole la
bienvenida, ordenó a que lo vistieran y calzarán y pusieran un anillo
en el dedo.
En este bello pasaje bíblico, madre de todas
las parábolas que Jesucristo relata, surge a raíz de las críticas y murmuraciones
que hacían los fariseos y escribas por cuanto ellos no aprobaban que Jesús si bien predicaba a
toda la multitud de gente, recibía a publicanos y pecadores; sin embargo, Jesús
a fin de hacerles entender a sus ocasionales
críticos que hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente,
narra tres hermosas parábolas, la primera la parábola de la oveja perdida,( San
Lucas 15, 1-7) la segunda la parábola de la moneda perdida (San Lucas 15, 8-10)
y la tercera y más bella la del hijo
prodigo ( San Lucas 15, 11- 32); donde podemos
apreciar aspectos muy relevantes a tener siempre en cuenta:
1.- El
amor compasivo, perdonador del padre hacia su hijo, que representa al infinito amor de Dios.
- Que en todo momento esta presto a perdonar nuestros pecados, nos acepta tal como somos, y está dispuesto
a darnos una oportunidad y recibirnos cuando realmente nos arrepentimos.
2.- La
ingratitud del ser humano que se ve representado por el hijo prodigo que se va a la perdición. Pero luego
reconoce su error y se arrepiente, y decide
volver.
Por alguna razón en algún momento de nuestras
vidas llegamos ha actuar como hijos pródigos, por muchas razones, ya sea por no honrar
a nuestros padres, a veces por alejarnos y desentendernos de ellos, otros por haberles
dados muchos dolores de cabeza cuando fuimos jóvenes, y muchos porque guardan algún
tipo de resentimiento ya sea de odio o rencor hacia ellos desde su niñez; y de
alguna manera llegamos a ser injustos e incomprensibles con nuestros padres, toda
vez que nunca podremos retribuir lo mucho que ellos hicieron por nosotros.
3.- El
egoísmo y la falta de perdón que se ve representado en el hermano mayor.
EL hermano mayor se puede decir que representa a los justos; es decir a quienes viven en rectitud en los caminos del señor, o a quienes se esfuerzan en vivir bajo la fe
cristiana cumpliendo los mandamientos de Dios, y que en ciertas ocasiones se
actúa de manera egoísta con su prójimo u hermano, aquel que después de haber pecado y cometido errores se arrepiente y pide una oportunidad al padre, este hermano en vez de perdonarlo y ayudarlo siente recelos, empezando a
juzgarlo y criticarlo.
Ignorando que hay una hermosa promesa para los justos. Para quienes caminan bajo la fe cristiana, aquella promesa se
encuentra en esa misma parábola del hijo prodigo, está en el versículo 31, “El
entonces le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". Dios no dice algunas cosas son tuyas, dice "todas" y se refiere mas que nada a las cosas inmateriales que no hay en este mundo sino mas bien a las cosas que abundan en su reino, así que si tu, ante los ojos de Dios te consideras una persona justa no te sientas mal!, al contrario siéntete bendecido y feliz, que cosas maravillosas habrá para ti...
En cuanto al hijo prodigo, o a todos para quienes se arrepienten de sus pecados, y deciden retornar a los brazos del padre...(en la parábola del hijo prodigo, el padre representa a Dios) a quienes vuelven por los caminos de rectitud, Regocíjate! y siéntete bendecido porque hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, y no solo eso, nuestro Señor te bendice de sobremanera, ejemplo a ello está que el anillo al dedo que el padre ordenó a que lo pusieran a su hijo perdido, significaba el favor y afecto, así como la dignidad, honra y
posición otorgadas al hijo restablecido; es decir, que Dios en su infinita misericordia te levanta, y te ubica en una posición por encima de los demás...
"Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos,
porque este tu hermano era muerto, y ha revivido;
se había perdido, y es hallado".
A Dios la honra, la gloria y el poder, el único que te abre portales en el cielo...
hay algo mas maravilloso?
Dios te bendiga grandemente...
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LA PARABOLA DEL HIJO PRODIGO
(San Lucas 15, versículo 11-32)
11
también dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
13 No muchos días después, juntándolo todo el
hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus
bienes viviendo perdidamente.
14
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y
comenzó a faltarle.
15
Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a
su hacienda para que apacentase cerdos.
16
Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie
le daba.
17
Y volviendo en sí, dijo: !Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y
contra ti.
19
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y
fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
21
Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy
digno de ser llamado tu hijo.
22
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned
un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
23
Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
24
porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
Y comenzaron a regocijarse.
25
Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa,
oyó la música y las danzas;
26
y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27
Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo,
por haberle recibido bueno y sano.
28
Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba
que entrase.
29
Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no
habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme
con mis amigos.
30
Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has
hecho matar para él el becerro gordo.
31
Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son
tuyas.
32
Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era
muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
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